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Mensaje por Legionarius Argentum el Lun Abr 22, 2013 4:56 pm

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Situación de los reinos cruzados establecidos por los francos.

La llamada a la cruzada tuvo lugar en una época en la que, tras una serie de años de buenas cosechas, se había incrementado la población de Europa occidental, incrementando también con ello el tamaño de los ejércitos de la cristiandad. Esto permitió asumir una serie de campañas como la Reconquista y la Cruzada. Además, el atractivo de comenzar una nueva vida en un Oriente más rico y próspero incentivo a muchas personas para dejar sus tierras. La expansión de la población supuso una disminución de las oportunidades de enriquecimiento en Europa, y las posibles recompensas espirituales, políticas y económicas de la cruzada tentaban a numerosos participantes.

La visión tradicional sobre los motivos de los cruzados para participar en la expedición explican que la mayor parte de los participantes eran jóvenes hijos de nobles que no tenían posibilidad de heredar tierras debido a la práctica del mayorazgo y a la primogenitura y nobles desposeídos que partían en busca de una nueva vida en el rico oriente. Los rumores sobre tesoros descubiertos en tierras musulmanas de Al-Andalus eran muy atractivos, y hacían que la gente evaluase que si había habido esos tesoros en España, debería haber muchos más en Jerusalén.

En cualquier caso, y si bien estos motivos fueron reales hasta cierto punto, no fueron la única motivación para la mayoría. Por el contrario, estudios más recientes sugieren que aunque el papa Urbano prometiese a los cruzados tanto ganancias espirituales como materiales, el objetivo principal de los cruzados era más espiritual que material.

En ese sentido, los estudios realizados por Jonathan Riley-Smith muestran que la cruzada era una campaña inmensamente costosa, que sólo estaba al alcance de aquellos caballeros que ya tenían una considerable riqueza, como Hugo I de Vermandois o Roberto II de Normandía, que eran parientes de las familias reales francesa e inglesa, o Raimundo IV de Tolosa, que gobernaba gran parte del sur de Francia.

Incluso en esos casos, estos caballeros debían vender gran parte de sus tierras a familiares o a la Iglesia antes de poder participar en la cruzada, y sus parientes también tuvieron que aportar en muchas ocasiones parte del dinero necesario para la campaña. Riley-Smith afirma, por tanto, que no hay evidencia real que apoye la suposición de que la cruzada fuese una oportunidad para que los hijos pequeños buscasen la riqueza que, a su vez, les hiciese dejar de ser una carga para sus familias.

Como ejemplo de motivación espiritual por encima de la terrenal, Godofredo de Bouillón y su hermano Balduino dejaron cerradas una serie de disputas con la Iglesia legando su tierra al clero local. Los documentos que recogen estas transacciones fueron escritos por los clérigos, y no por los caballeros, y parecen idealizar a estos nobles y presentarles como hombres píos que sólo buscaban cumplir con un voto de peregrinaje. Por otro lado, los caballeros más pobres (minores) sólo podían plantearse acudir a la cruzada si esperaban sobrevivir mediante limosnas, o si eran capaces de entrar al servicio de un noble adinerado. Este último caso era, por ejemplo, el de Tancredo de Galilea, que aceptó servir a las órdenes de su tío Bohemundo. Las cruzadas posteriores serían organizadas por reyes o emperadores, y estarían financiadas con impuestos especiales.

El resultado de la Primera Cruzada tuvo un gran impacto en la historia de los dos bandos en conflicto. La nueva estabilidad adquirida en el oeste creó una aristocracia guerrera en busca de nuevas conquistas y patrimonio, y la prosperidad de las principales ciudades significó la capacidad económica para equipar las expediciones. Las ciudades estado marítimas italianas, en particular Venecia y Génova, estaban también interesadas en extender el comercio. Por su parte, el papado vio las cruzadas como su forma de imponer la influencia católica como fuerza de unificación, convirtiendo la guerra en una misión religiosa. Esto supuso una nueva actitud frente a la religión que hizo posible que la disciplina religiosa, antes aplicable solamente a los monjes, se extendiese también al campo de batalla, con la creación del concepto del guerrero religioso y del sentimiento de caballería.

La Primera Cruzada tuvo éxito en la creación, en territorio de Palestina y Siria, de los llamados Estados Cruzados: El Condado de Edesa, el Principado de Antioquía, el Reino de Jerusalén y el Condado de Trípoli. También creó aliados a lo largo de la ruta de los cruzados, como el Reino armenio de Cilicia. De vuelta en Europa occidental, los que habían logrado sobrevivir hasta alcanzar Jerusalén fueron recibidos como héroes. Roberto II de Flandes, por ejemplo, recibió el sobrenombre de Hierosolymitanus gracias a sus logros. La vida de Godofredo de Bouillón, por su parte, se convirtió en objeto de leyendas a los pocos años de su muerte. Sin embargo, en algunos casos la situación política en los lugares de origen se vio muy afectada por las ausencias de los cruzados. Mientras Roberto II de Normandía estaba ausente, el control de Inglaterra pasó a su hermano, Enrique I, y el conflicto a su vuelta terminó desencadenando la batalla de Tinchebray en 1106.

Mientras tanto, la creación de los Estados Cruzados supuso un alivio para el Imperio bizantino, al que ayudó contener la presión de los selyúcidas, y al que permitió recuperar varios de sus territorios en Anatolia. El Imperio atravesó posteriormente, a lo largo del siglo XII, un periodo de relativa paz y prosperidad. No obstante, si bien esta primera cruzada puede considerarse como un apoyo, al hacer frente a la creciente amenaza selyúcida y estableciendo pequeños reinos fronterizos; las cruzadas posteriores, muy poco eficaces contra los musulmanes, sólo consiguieron debilitar cada vez más al Imperio bizantino, en cuyos asuntos internos intervinieron.

El efecto en las dinastías musulmanas orientales fue más gradual, pero importante. La inestabilidad política y la división del Gran Imperio Selyúcida tras la muerte de Malik Shah I impidieron una defensa coherente ante la invasión de los estados latinos. Esa misma cooperación continuó siendo difícil durante muchas décadas, aunque desde Egipto hasta Siria y Bagdad comenzaron a haber llamamientos para la expulsión de los cruzados. Finalmente esto culminaría con la reconquista de Jerusalén por Saladino, después de que la dinastía ayubí hubiese logrado unificar las áreas circundantes.

El papa Urbano II, al hacer un llamamiento para organizar una Cruzada a Tierra Santa, buscaba reforzar su autoridad espiritual suprema sobre la cristiandad latina a la vez que expandía su área de poder. No tuvo éxito en unir de nuevo el cisma existente entre el este y el oeste y, sin darse cuenta, contribuyó a solidificar el cisma, sobre todo tras el saqueo de Constantinopla de las últimas cruzadas.

A continuación veremos los reinos que se crearon a partir del establecimiento de los franceses en las tierras santas de oriente próximo.

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Mensaje por Legionarius Argentum el Lun Abr 22, 2013 4:59 pm

EL CONDADO DE EDESA

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El condado de Edesa fue el primero de los estados cruzados en el siglo XII en torno a Edesa, una ciudad con una larga historia y una tradición antigua de la cristiandad. En el período bizantino tardío Edesa se convirtió en el centro de la vida intelectual dentro de la Iglesia ortodoxa siria. Como tal, también se convirtió en el centro de la traducción de la filosofía griega antigua en lengua siríaca, que proporcionó un trampolín para las traducciones posteriores en lengua árabe. Cuando los cruzados llegaron, todavía era tan importante como para tentar una expedición después del cerco de Antioquía.

El primer conde de Edesa se convirtió en rey de Jerusalén, y los condes subsecuentes eran sus primos. A diferencia de los otros estados cruzados, el condado era sin salida al mar, estaba alejado de los otros estados y no estaba especialmente en buenas relaciones con su vecino más cercano, el Principado de Antioquía. La mitad de la provincia, incluida su capital, se encuentra al este del Éufrates, hacia el este, lo que hace que sea especialmente vulnerable. La parte oeste del Éufrates era controlada desde la fortaleza de Turbessel. La frontera oriental de Edesa fue el río Tigris, pero el condado no podría haberse extendido tan lejos

En 1098, Balduino de Boulogne se separó del cuerpo de ejército cruzado principal, que se dirigía al sur hacia Antioquía y Jerusalén, y, cruzando Cilicia, viajó hacia el este en dirección a Edesa. Una vez allí, convenció al señor de la ciudad, Thoros, de que le adoptase como hijo y heredero. Thoros era greco-ortodoxo, y como tal no era del agrado de sus súbditos ortodoxos-armenios, pronto murió asesinado, aunque no se sabe si Balduino tuvo algo que ver en esta muerte. En cualquier caso, Balduino pasó a ser el nuevo señor, para lo que tomó el título de conde (había sido conde de Verdún como vasallo de su hermano en Europa).

En 1100, Balduino se convirtió en Rey de Jerusalén, cuando su hermano Godofredo de Bouillón murió. El condado de Edesa pasó entonces a su primo Balduino de Bourcq, al que se le unió Joscelino de Courtenay, como señor de la fortaleza de Turbessel sobre el Éufrates, una importante defensa frente a los turcos selyúcidas.

Los señores francos mantuvieron buenas relaciones con sus súbditos armenios, y hubo varios matrimonios mixtos: los tres primeros condes se casaron con damas armenias. La primera mujer del conde Balduino había muerto en Maraş en 1097, y al heredar el condado, éste se casó con Arda, nieta del soberano rupénida Constantino I de Armenia. Balduino de Bourcq se casó con Morfia, hija de Gabriel de Melitene, y Joscelino de Courtenay con una hija de Constantino.

Edesa fue el principado cruzado más extenso, pero era uno de los menos poblados. La ciudad contaba con unos 10 000 habitantes, pero el resto del condado apenas era otra cosa que una sucesión de fortalezas en un área casi desértica. El territorio se extendía desde Antioquía al oeste hasta más allá del Éufrates por el este, al menos en su época de mayor extensión; también llegó a ocupar algunos territorios hacia el norte, hasta el límite con Armenia mayor. Hacia el sur y el este se encontraban las poderosas ciudades musulmanas de Alepo y Mosul. Sus habitantes eran mayoritariamente sirios, cristianos sirio-jacobitas y ortodoxos armenios, con algunos griegos ortodoxos y musulmanes. Aunque el número de latinos siempre fue pequeño, había un patriarca católico.

Balduino II se vio pronto envuelto en los asuntos del norte de Siria y de Asia Menor. Ayudó en el rescate de Bohemundo I de Antioquía de manos de los Danisméndidas en 1103, y, junto con los antioquenos, atacó al Imperio bizantino en Cilicia en 1104. En 1104, Edesa sufrió el ataque de Mosul, y tanto Balduino como Joscelino fueron apresados tras su derrota en la batalla de Harran. Tancredo, el hermano de Bohemundo, fue entonces el regente de Edesa (aunque en realidad fue Ricardo de Salerno quien gobernó el territorio), hasta su rescate en 1108. Pero Balduino hubo de luchar para recuperar la ciudad y derrotar a Tancredo, para lo cual tuvo que aliarse con algunos poderes locales musulmanes.

En 1110, se perdió todo el territorio al este del Éufrates, conquistado por Mawdud de Mosul; aunque éste no atacó a la propia ciudad de Edesa. Balduino II se convirtió en rey de Jerusalén (también como Balduino II) a la muerte de Balduino I en 1118. Aunque Eustaquio de Boulogne tenía mejor derecho como hermano de Balduino, se encontraba en Francia y no deseaba dicho título. Edesa fue entonces concedida a Joscelino en 1119. Joscelino volvió a ser apresado en 1122, y cuando Balduino intentó rescatarle, también éste fue capturado, y Jerusalén quedó sin rey. Pero Joscelino logró escapar en 1123 y consiguió la liberación de Balduino al año siguiente.

Joscelino murió en una batalla en 1131 y fue sucedido por su hijo Joscelino II. En esta época, Zengi había unido Alepo y Mosul y comenzó a amenazar Edesa. Pero Joscelino II se preocupó muy poco por la seguridad de su condado, mientras disputaba con los condes de Trípoli, que luego se negarían a acudir en su ayuda. Zengi asedió Edesa en 1144, tomándola el 24 de diciembre del mismo año. Joscelino siguió gobernando las tierras al oeste del Éufrates, y logró aprovecharse de la muerte de Zengi en septiembre de 1146 para recuperar brevemente su antigua capital. En 1150 fue apresado y estuvo en cautividad en Alepo hasta su muerte en 1159. Su mujer vendió Turbessel y lo que quedaba del condado al emperador bizantino Manuel I Comneno, pero fue conquistado por Nur al-Din y el sultán de Rüm en menos de un año. Edesa había sido el primer principado cruzado en ser creado, y también el primero en perderse


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Mensaje por Legionarius Argentum el Lun Abr 22, 2013 5:01 pm

EL PRINCIPADO DE ANTIOQUIA

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El principado de Antioquía fue el segundo de los estados cruzados de Tierra Santa establecido durante la Primera Cruzada. El avance musulmán hacia Occidente causó preocupación entre la cristiandad. Tras la caída de los Santo Lugares (Palestina e Israel), el papado promovió las expediciones militares que fueron conocidas como cruzadas. En la Primera Cruzada, el príncipe Bohemundo de Tarento realizó una victoriosa campaña militar para recuperar territorios que Bizancio había perdido frente al avance musulmán. Sin embargo, una vez acabada su campaña con la toma de Antioquía, Bohemundo retuvo el territorio, creando este principado.

Antioquía era una antigua ciudad bizantina que fue conquistada por los musulmanes hacía una década, en 1084. Y al cruzar Constantinopla, el Basileus Alexis I Comneno había exigido un compromiso de los principales dirigentes cruzados de regreso a la tierra ya perdida por los bizantinos y sólo Raimundo IV de Tolosa se había negado a prestar juramento. Antioquía había sido recientemente arrebatada al Imperio bizantino por los selyúcidas en 1085. Las fortificaciones bizantinas databan de la época de Justiniano I pero habían sido reconstruidas y reforzadas recientemente. Como los selyúcidas habían conseguido la ciudad gracias a la traición, los muros permanecieron intactos. Su gobernador desde 1088, Yaghi-Siyan, era bien consciente del ejército cruzado que en 1097 marchaba a través de Anatolia, y pidió ayuda sin éxito a los estados musulmanes vecinos. A fin de prepararse para la llegada de los francos (o frany, como los musulmanes llamaban a todos los occidentales), hizo apresar al patriarca ortodoxo de Antioquía, Juan VII el Oxita, y expulsó de la ciudad a toda la población griega y armenia-ortodoxa, aunque permitió quedarse a los que profesaban la fe siríaca.

Las tropas cruzadas llegaron al río Orontes, a las afueras de Antioquía, el 20 de octubre de 1097. Los tres líderes principales de la cruzada, Raimundo de Tolosa, Godofredo de Bouillón y Bohemundo de Tarento, no estaban de acuerdo respecto a qué estrategia adoptar. Raimundo era el único que quería lanzar un ataque directo, mientras que Godofredo y Bohemundo preferían levantar un asedio. Al final, Raimundo dio su brazo a torcer y los cruzados comenzaron el sitio a la ciudad el 21 de octubre. Las fortificaciones bizantinas eran lo bastante fuertes como para resistir un ataque directo, aunque Yaghi-Siyan no habría tenido suficientes hombres como para defender adecuadamente la ciudad, de modo que se sintió aliviado al comprobar que los cruzados habían decidido no atacar inmediatamente.

Bohemundo acampó con sus hombres en la esquina noreste de la ciudad, frente a la Puerta de San Pablo. Raimundo estableció su campamento más al oeste, frente a la Puerta del Perro. Y Godofredo se asentó con sus fuerzas en la Puerta del Duque, aún más al oeste, en un lugar donde un puente de botes cruzaba el Orontes hacia la aldea de Talenki. Hacia el sur se encontraba la Torre de las Dos Hermanas y, en la esquina noroeste, la Puerta de San Jorge que, al no estar bloqueada por los cruzados, fue utilizada durante todo el asedio para introducir alimentos en la ciudad. Al sur y al este se hallaba la zona de colinas conocida como Monte Silpius, donde se encontraban la ciudadela y la Puerta de Hierro.

En marzo, una flota inglesa dirigida por Edgar Atheling, depuesto rey de Inglaterra, llegó al puerto de San Simeón desde Constantinopla, donde vivía exiliado. Trajeron material para la construcción de máquinas de asedio, pero casi se pierde el 6 de marzo, cuando Raimundo y Bohemundo (ninguno de los cuales confiaba en el otro lo suficiente como para permitirle la entrega del material por su cuenta) fueron atacados en el camino de vuelta a Antioquía por un destacamento de Yaghi-Siyan. Con la ayuda de Godofredo, sin embargo, el destacamento fue derrotado y los materiales fueron recuperados. Aunque la flota y el material militar habían sido proporcionados por el emperador Alejo a Edgar, los cruzados no consideraron que se tratara de asistencia directa bizantina.

Se pusieron a trabajar en la construcción de máquinas de asedio y de una fortaleza, llamada La Mahomerie, que bloqueara la Puerta del Puente y evitara que Yaghi-Siyan atacara la línea de suministro de los cruzados que se iniciaba en los puertos de San Simeón y Alejandreta. También repararon el monasterio abandonado al oeste de la Puerta de San Jorge que todavía se utilizaba para el suministro de alimentos a la ciudad. Tancredo, con 400 marcos de plata, guarnicionó el antiguo monasterio, al que se refieren las crónicas como el «Fuerte de Tancredo», mientras que Raimundo de Tolosa se hizo con el control de La Mahomerie. Acordonada la, hasta entonces, bien defendida ciudad, el asedio comenzó a producir efectos y la alimentación de los cruzados mejoró con la llegada de la primavera.


En abril, una embajada fatimí procedente de Egipto llegó al campamento cruzado con la esperanza de establecer una paz con los cristianos que eran, al fin y al cabo, enemigos de sus enemigos, los Selyúcidas. Pedro el Ermitaño, que dominaba el árabe, fue enviado a negociar, pero sin éxito. Los fatimíes, que consideraban a los cruzados simples mercenarios a sueldo de los bizantinos, estaban dispuestos a tolerar que los cristianos se adueñaran de Siria siempre que no atacaran la Palestina fatimí, situación de hecho aceptada por Egipto y Bizancio antes de las invasiones turcas. Pero los cruzados no podían aceptar ninguna solución que no les diera el control de Jerusalén. Los fatimíes fueron tratados con hospitalidad y agasajados con regalos, pero no se llegó a ningún acuerdo definitivo

El asedio continuó y, a finales de mayo de 1098, un ejército musulmán procedente de Mosul bajo el mando de Kerbogha se aproximó a Antioquía. Este ejército era mucho más grande que los enviados previamente para levantar el asedio. A Kerbogha se le unieron Ridwan y Duqaq y su ejército incluía también tropas persas y de la dinastía ortúquida de Mesopotamia. Los cruzados pudieron prepararse con antelación para su llegada porque Kerbogha atacó primero Edesa durante tres semanas, enclave que no pudo recapturar de Balduino de Boulogne, que la había conquistado en 1098.

Los cruzados sabían que tendrían que tomar la ciudad antes de que llegara Kerbogha si querían tener alguna oportunidad de sobrevivir. Bohemundo trabó conocimiento en secreto con Firuz, un mercenario armenio que controlaba la Torre de las Dos Hermanas y que, deseoso de vengarse de Yaghi-Siyan por haberle confiscado sus bienes, consintió en ser sobornado para abrir las puertas.1 Convenida la traición, Bohemundo ofreció a los demás líderes dejarles entrar, a través de Firuz, si aceptaban que él tomase la ciudad para sí. Raimundo enfureció y sostuvo que la ciudad debía ser entregada al emperador Alejo, como así lo habían acordado en Constantinopla el año anterior, pero los demás, ante lo desesperado de la situación, accedieron a sus demandas.

A pesar de ello, el 2 de junio, Esteban de Blois y algunos otros cruzados abandonaron el ejército. Unas horas más tarde, Firuz dio instrucciones a Bohemundo para que fingiera una marcha al encuentro de Kerbogha y, a continuación, regresara a la ciudad por la noche y escalara los muros con su ayuda. Así lo hicieron, Firuz abrió las puertas y se produjo una masacre. Los cristianos que quedaban en la ciudad abrieron las otras puertas y muchos participaron en la matanza, aniquilando a tantos turcos como pudieron. Los cruzados, además de a musulmanes, mataron también a algunos cristianos, incluyendo al hermano de Firuz. Yaghi-Siyan huyó, pero fue capturado en las afueras de la ciudad, decapitado y su cabeza entregada a Bohemundo.

En 1254 se casó Bohemundo VI con Sibila, una princesa armenia, poniendo fin a la lucha de poder entre los dos estados, aunque en este punto Armenia fue el más poderoso de los dos y Antioquía era esencialmente un estado vasallo. Ambos, fueron barridos por el conflicto entre los mamelucos y los mongoles. En 1260, bajo la influencia de su suegro, el rey armenio Hetoum I, Bohemundo VI se sometió a los mongoles bajo Hulagu, haciendo de Antioquía un estado tributario del Imperio Mongol. Bohemundo y Hetoum lucharon en el lado de los mongoles durante la conquista musulmana de Siria, teniendo junto a la ciudad de Alepo y Damasco más tarde.

Cuando los mongoles fueron derrotados en la batalla de Ain Jalut en 1260, Baibars, el sultán mameluco de Egipto, comenzó a amenazar a Antioquía, que (como vasallo de los armenios) había apoyado a los mongoles. Baibars finalmente tomó la ciudad en 1268, y todo el norte de Siria se perdió rápidamente, veinte y tres años después, Acre fue apresada, y los estados cruzados dejaron de existir.


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Mensaje por Legionarius Argentum el Lun Abr 22, 2013 5:03 pm

EL REINO DE JERUSALEN

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El Reino de Jerusalén fue el tercer de los reinos cristianos que se establecieron en el Levante mediterráneo en 1099 tras la conquista de Jerusalén en la Primera Cruzada. Fue destruido en 1291 con la conquista de Acre. Su capital era Jerusalén. La Primera Cruzada se inició como consecuencia del Concilio de Clermont, convocado por el papa Urbano II en el año 1095. Su principal objetivo era la conquista de los Santos Lugares. El Reino como tal nació con la toma de Jerusalén en 1099, el punto álgido de la Cruzada. Godofredo de Bouillón, duque de Lorena y uno de los principales jefes de la Cruzada, fue elegido como primer rey. No obstante, rehusó tomar dicho título, alegando que un hombre no debía llevar una corona donde Cristo había llevado la corona de espinas; en su lugar, eligió el título de Advocatus Sancti Sepulchri (Defensor del Santo Sepulcro). La fundación del Reino de Jerusalén quedó finalmente asegurada con la derrota del Egipto fatimí en la batalla de Ascalón.

Al principio hubo ciertas dudas sobre cómo debería organizarse políticamente el territorio. Algunos cruzados pensaban que debía ser gobernado como una teocracia por el papa, una idea que el legado papal, Dagoberto de Pisa, trató de imponer en 1100. Godofredo posiblemente hubiera estado de acuerdo con ello y hubiera intercambiado el reino teocrático de Jerusalén por uno secular en Egipto, pero durante su corto reinado se sentaron en Jerusalén las bases de un reino secular, pese a los esfuerzos de Dagoberto. Rápidamente se estableció una jerarquía católica que sustituyó a las autoridades cristianas ortodoxas griegas y sirias: un patriarca latino se instaló en Jerusalén, y con él gran número de obispos y arzobispos que dependían de él. Godofredo murió en 1100. Su hermano y sucesor, Balduino I, optó claramente por una monarquía secular al estilo de las de Europa occidental. Balduino no era tan escrupuloso como su hermano, y se hizo coronar rey de Jerusalén (aunque Dagoberto, entonces patriarca latino de Jerusalén, se negó a coronarlo en dicha ciudad y la ceremonia tuvo lugar en Belén).

Balduino extendió con gran éxito las fronteras del reino, conquistando los puertos de Acre (1104), Beirut (1110) y Sidón (1111), al mismo tiempo que ejercía su soberanía sobre otros Estados cruzados: el condado de Edesa (que él había fundado), el principado de Antioquía, y más tarde, cuando se conquistó Trípoli, el condado de Trípoli. Igualmente tuvo éxito en su defensa del reino frente a las sucesivas invasiones musulmanas que tuvo que afrontar: la de los fatimíes de Egipto, a los que venció en Ramala y en diferentes lugares al sudoeste del reino; y la de los musulmanes de Damasco y Mosul, en el noreste, en 1113. Asimismo, fue testigo de un aumento en el número de habitantes latinos, debido a que la pequeña Cruzada de 1101 trajo consigo refuerzos para el reino. Las ciudades-estado italianas de Venecia, Pisa y Génova comenzaron a jugar un papel muy importante en el reino. Sus flotas ayudaban a la toma de los puertos, donde posteriormente se les concedían barrios en los que tenían gran autonomía económica. Balduino también repobló Jerusalén con cristianos nativos, después de su expedición más allá del río Jordán en 1115. De todos modos, el reino nunca superó su aislamiento geográfico de Europa, ni fue capaz de aumentar sus fronteras más hacia el Este con el fin de crear un frente con más posibilidades de defensa. Durante la mayor parte de su historia, el reino estuvo confinado a una estrecha franja de tierra entre el Mediterráneo y el río Jordán; los territorios allende del Jordán estaban sujetos a guerras y constantes razias, que finalmente provocaron su caída.

Balduino I murió sin herederos en 1118, y le sucedió su primo, Balduino de Le Bourg, conde de Edesa. Balduino II fue igualmente un rey capaz y supo hacer frente a los ataques de fatimíes y selyúcidas. En su reinado se estableció la primera de las órdenes militares, y las fronteras del reino siguieron ensanchándose con la captura de la ciudad de Tiro en 1124. La influencia del reino de Jerusalén se extendió igualmente sobre Edesa y Antioquía, en las que Balduino II actuó como regente al morir sus gobernantes en el campo de batalla, aunque Balduino mismo fue derrotado y puesto en prisión por los turcos selyúcidas varias veces a lo largo de su reinado, y el propio reino de Jerusalén debió ser gobernado por un regente. Las hijas de Balduino se casaron con familiares del conde de Edesa y del príncipe de Antioquía. Su hija Melisenda fue declarada su heredera y le sucedió a su muerte en 1131.

La población del reino fue siempre escasa: aunque constantemente llegaba un pequeño flujo de colonos y nuevos cruzados, la mayor parte de los que habían luchado en la Primera Cruzada volvieron a sus casas sin más. Los latinos no fueron más que el estrato superior situado sobre los musulmanes nativos y la población siria. No obstante, Jerusalén pasó a ser conocida como Outremer, palabra francesa que significa Ultramar, y, conforme las nuevas generaciones crecían en el reino, comenzaron a considerarse orientales en vez de inmigrantes. Así, en muchos sentidos, se comportaban más como los orientales (sirios) que como los europeos occidentales de aquellos días. Con frecuencia aprendían griego, árabe y otros idiomas orientales. Asimismo establecían enlaces matrimoniales con griegos y armenios. Tal y como el cronista Fulquerio de Chartres escribió: nosotros que éramos occidentales ahora nos hemos convertido en orientales.

El reino de Jerusalén se basó en un sistema feudal similar al de la Europa de su tiempo, aunque con importantes rasgos propios. Para empezar, el reino ocupaba sólo una pequeña franja de terreno y disponía de escaso terreno agrícola. En la zona, a diferencia de la Europa medieval, la economía había sido predominantemente urbana desde tiempos inmemoriales. Aunque la nobleza técnicamente poseía tierra, prefería vivir en Jerusalén o en otras ciudades, cerca de la corte. Al igual que en Europa, los nobles poseían sus propios vasallos, al tiempo que ellos mismos eran vasallos del rey; sin embargo, la producción agrícola se regulaba por el equivalente musulmán del sistema feudal (denominado itqa), sistema que no fue cuestionado por los cruzados. Aunque los musulmanes (al igual que los judíos y los cristianos orientales) fueron perseguidos en las ciudades (y a los musulmanes al principio se les prohibió la entrada en Jerusalén), en las zonas rurales continuaron viviendo como antes. El rais, jefe de la comunidad musulmana, era una especie de vasallo del noble propietario de la tierra en la que vivía, pero como de hecho los nobles cruzados eran terratenientes absentistas, el rais y su comunidad tenían un alto grado de autonomía. Cultivaban alimentos para los cruzados, pero no estaban obligados a un servicio militar como los vasallos europeos.

La composición básicamente urbana de la zona, junto con la presencia de los mercaderes italianos, llevó al desarrollo de una economía que tenía mucho más de comercial que de agraria. Palestina desde siempre había sido un cruce de caminos en el que se encontraban diferentes rutas comerciales; ahora este comercio se extendió hasta Europa. Los productos europeos, tales como las lanas del Norte de Europa, llegaron hasta Oriente Medio y Asia, mientras que los productos asiáticos llegaban a Europa. Jerusalén se dedicó especialmente al comercio de la seda, algodón y especias; otros productos que se dieron a conocer en Europa por primera vez, debido al comercio iniciado por este reino, fueron las naranjas y el azúcar. De este último producto diría Guillermo de Tiro: es muy necesario para la salud y la humanidad.

Jerusalén, a su vez, obtenía beneficios a través de los tributos, en primer lugar de las ciudades costeras que aún no había conquistado, y después de los Estados vecinos como Damasco y Egipto, a los que no pudo conquistar directamente. Una vez Balduino I extendió sus dominios allende el Jordán, Jerusalén también obtuvo beneficios de las tasas que cobraba a las caravanas que cruzaban de Siria a Egipto o Arabia. Esta economía monetaria permitió que el problema de la escasez de efectivos militares se solucionase recurriendo a contratar mercenarios, algo poco habitual en la Europa medieval. Los mercenarios podían ser cruzados europeos, o bien, con más frecuencia, soldados musulmanes, como los famosos turcopolos.

El rey era el presidente de la Alta Corte, aunque legalmente era primus inter pares (primero entre iguales). El rey y dicha cámara se localizaban normalmente en Jerusalén, pero el rey podía hacer reuniones (cortes) también en Acre, Nablus o Tiro, o donde se diera el caso. En Jerusalén, la familia real vivía en el palacio y aledaños, que se situaban en los alrededores de la Torre de David, o bien, como alternativa, en el monte del Temple, donde los Caballeros Templarios tenían su cuartel general.

A Balduino II le sucedió en 1131 su hija Melisenda, que reinó junto con su marido Fulco, primer conde de Anjou. Durante su reinado tuvo lugar el apogeo artístico y económico del Reino, con la edición del Misal de la reina Melisenda encargado entre 1135 y 1143, y la construcción de la iglesia del Santo Sepulcro, que fue finalmente completada en 1149, en estilo gótico occidental. Fulco, renombrado comandante, tuvo que enfrentarse a un nuevo y peligroso enemigo: Zengi de Mosul, que se extendió sobre Alepo. Aunque durante todo su reinado consiguió mantenerlo a raya, Guillermo de Tiro criticó a Fulco por no haber asegurado mejor las fronteras. Los Estados cruzados del norte, además, comenzaron a resentirse de la soberanía de Jerusalén e iniciaron intrigas contra su rey. Fulco murió en un accidente durante una cacería en 1143, y Zengi aprovechó esta muerte para conquistar el condado de Edesa en 1144. La reina Melisenda, en aquel momento la regente de su hijo primogénito, Balduino III, designó un nuevo condestable que se convirtió en el nuevo dirigente del ejército, Manasés de Hierges.

En 1147 llegó a Tierra Santa una Segunda Cruzada. Los componentes de esta Segunda Cruzada se encontraron en Acre en 1148. Para intentar frenar los avances de Zengi y de su hijo y sucesor Nur al-Din, los reyes cruzados Luis VII de Francia y Conrado III de Alemania decidieron atacar al emir de Damasco, aliado del reino de Jerusalén. Los cruzados occidentales veían en Damasco un objetivo fácil y el joven Balduino III, posiblemente deseoso de impresionar a los monarcas europeos, estuvo de acuerdo con los planes, que se llevaron a cabo a pesar de la oposición de la reina Melisenda y su condestable Manasés, quienes eran de la opinión de que el objetivo principal debería ser la ciudad de Alepo, ya que mediante su toma habría más posibilidades de reconquistar Edesa. La Cruzada acabó con la derrota en 1148 en el desastroso asedio de Damasco.

Melisenda continuó su mandato como regente pese a que Balduino había llegado a la mayoría de edad. Finalmente Balduino derrocó a su madre en 1153, llegando ambos a un acuerdo consistente en dividir el reino en dos: Balduino gobernaría desde Acre en el Norte y Melisenda en el sur desde Jerusalén, pero los dos sabían de antemano que la situación era inestable. Así, Balduino muy pronto invadió los terrenos de su madre, derrotó a Manasés, y asedió a su madre en la Torre de David en Jerusalén. Melisenda finalmente se rindió y abandonó la regencia dejando a su hijo Balduino III como único monarca. No obstante, Balduino al año siguiente la volvió a elegir como regente y consejera jefe. Balduino III conquistó a los reyes fatimíes Ascalón, su último bastión en la costa palestina. Al mismo tiempo, la situación general de los cruzados empeoraba cada día, ya que Nur al-Din consiguió tomar Damasco y de este modo se unificó toda Siria bajo su mandato.

Balduino III llevó a cabo la primera alianza directa con el Imperio bizantino, al casarse con Teodora Comneno, sobrina del emperador Manuel I Comneno. Manuel a su vez esposó a María de Antioquía, prima de Balduino. Pese a ello, Balduino III murió sin descendencia en 1162, un año después de su madre Melisenda, y el reino fue heredado por su hermano Amalarico I. El reinado de Amalarico se caracterizó por la lucha encarnizada por el control de Egipto, entre Amalarico por un lado y, por otro, Nur al-Din y su astuto subordinado Saladino (no siempre deseoso de actuar). La primera expedición de Amalarico tuvo lugar en 1163, y una larga serie de alianzas y contra alianzas entre Amalarico, los visires de Egipto y Nur al-Din hizo que se realizaran cuatro invasiones más a Egipto hasta el año 1169. Las campañas en Egipto fueron sufragadas por Manuel I Comneno y Amalarico se casó con otra sobrina de este emperador, María Comneno, aunque de hecho, no se llegó a realizar una alianza completa entre cruzados y bizantinos. Finalmente Amalarico no logró conquistar Egipto, y Nur al-Din obtuvo la victoria, estableciéndose Saladino como sultán de Egipto. Tanto la muerte de Amalarico como la de Nur al-Din en 1174 afianzaron el dominio de Saladino, cuyo gobierno se extendió rápidamente también por las posesiones sirias de Nur al-Din, rodeando completamente el reino cruzado.

Años después, Reinaldo de Châtillon, señor de la Transjordania y de la fortaleza de Kerak (bandido con el título de caballero que no se consideraba atado por las treguas firmadas), provocó a Saladino llevándole a una guerra abierta al atacar caravanas musulmanas y amenazando la propia Meca mediante ataques piratas a los barcos de peregrinos. El ataque llevado a cabo contra una caravana en la que viajaba la hermana de Saladino fue la gota que colmó el vaso. Para empeorar las cosas, Raimundo de Trípoli se había aliado con Saladino contra Guido de Lusignan, Reu de Jerusalén en ese momento, y le había permitido que ocupara su feudo de Tiberíades con una pequeña guarnición. Guido, de hecho, estaba a punto de atacar a Raimundo hasta que Balián de Ibelín y el "partido de los nobles" consiguió que se reconciliaran en 1187, de este modo, ambos se unieron para atacar a Saladino en Tiberíades. Sin embargo, Guido y Raimundo no fueron capaces de ponerse de acuerdo para hacer un plan de ataque, y el 4 de julio de 1187, el ejército del reino fue vencido totalmente en la batalla de los Cuernos de Hattin. Reinaldo fue ejecutado personalmente por Saladino y Guido quedó prisionero en Damasco. A lo largo de los meses siguientes, Saladino reconquistó la totalidad del reino, a excepción del puerto de Tiro que consiguió defenderse dirigido por el recién llegado Conrado de Montferrato.

La consiguiente toma de Jerusalén en octubre de ese año conmocionó a Europa, lo que sirvió para que se llevara a cabo la Tercera Cruzada que llegó a las costas de Tierra Santa en 1189, liderada por Ricardo Corazón de León y Felipe II de Francia, también conocido como Felipe Augusto (Federico I Barbarroja precisamente murió en el camino hacia la Cruzada, ahogado al cruzar un río). Gracias al esfuerzo de Ricardo la mayor parte de las ciudades costeras de Siria fueron nuevamente conquistadas por los cruzados, en especial la ciudad de Acre, aunque en este caso tras un largo asedio en el que el patriarca Heraclio, la reina Sibila y otros muchos murieron de una epidemia. Guido de Lusignan a quien se le negó la entrada en la ciudad de Tiro cuando Conrado de Montferrato la defendía, ahora, no tenía derecho legal alguno sobre el reino de Jerusalén y la sucesión pasó a Isabel, la hermanastra de la reina Sibila.

Conrado argumentó contra el matrimonio de Isabel con Hunfredo que era ilegal, ya que ella tenía 11 años cuando se llevó a cabo y con el apoyo de Felipe II de Francia y los cruzados franceses anuló dicho vínculo. De este modo Conrado se casó con Isabel, pero reinó por poco tiempo ya que fue apuñalado por la secta de los "Asesinos". Isabel rápidamente volvió a casarse con el conde Enrique II de Champaña. A Guido, en compensación por todo lo acontecido se le otorgó el recién creado reino de Chipre, isla que conquistó Ricardo Corazón de León camino de Acre.

Mientras, Ricardo y Felipe peleaban entre ellos hasta que finalmente Felipe regresó a Francia. Ricardo derrotó a Saladino en la batalla de Arsuf en 1191 y en la batalla de Jaffa en 1192, pero sin embargo no pudo recobrar Jerusalén ni tampoco territorio alguno del interior del reino. La Cruzada llegó a su fin pacíficamente, con el Tratado de Ramala que se negoció en 1192; Saladino autorizó el peregrinaje a la ciudad de Jerusalén, permitiendo que los cruzados llevaran a cabo sus votos para después, todos ellos volver a su tierra. Los cruzados nativos nobles reconstruyeron el reino, o lo que quedaba de él, desde la ciudad de Acre así como desde otras ciudades costeras.

Durante los cien años siguientes, el Reino de Jerusalén se mantuvo en vida como un reino diminuto abrazado en la costa siria. Su capital fue Acre, y apenas incluía un par de ciudades destacadas (Beirut y Tiro), así como soberanía sobre Trípoli y Antioquía. Saladino murió en 1193, y sus hijos lucharon entre ellos tanto como él había luchado con el reino cruzado. Enrique de Champaña murió en un accidente en 1197 e Isabel se casó por cuarta vez con Amalarico de Lusignan, el hermano de Guido. Se fraguó una nueva Cruzada, que sería la Cuarta, pero fue un fracaso absoluto, ya que no se hizo contra los infieles sino contra los propios cristianos, y finalizó con la toma y saqueo de Constantinopla en 1204, ni uno solo de sus cruzados llegó al Reino de Jerusalén.

Isabel y Amalarico murieron en 1205 y otra vez una niña menor de edad, María, hija de Isabel y Conrado de Montferrato, se convirtió en la reina de Jerusalén. En 1210 (con 18 años) María se casó con un experimentado caballero de sesenta años, Juan de Brienne, quien fue capaz de mantener seguro el reino. Se hicieron planes para recuperar Jerusalén conquistando previamente Egipto, lo que se intentó mediante la fallida Quinta Cruzada contra Damieta en 1217, en la cual Juan de Brienne también intervino. Posteriormente Juan viajó por toda Europa buscando ayuda para el reino pero solo la obtuvo del emperador Federico II Hohenstaufen, que se casó con Yolanda, la hija de María y Juan. Federico II llevó a cabo la Sexta Cruzada en 1228, y reclamó el Reino de Jerusalén en nombre de su esposa, del mismo modo que había hecho Juan (y que ya no podía hacer dado que María había muerto).

Los nobles de Ultramar, liderados por Juan de Ibelín, se resintieron de los intentos del Emperador de imponer su mandato sobre el reino, lo que derivó en una serie de confrontaciones militares tanto en tierra firme como en la isla de Chipre. Mientras tanto, sorprendentemente, Federico II consiguió recuperar Jerusalén mediante un tratado con el sultán ayubí al-Kamil. Dicha recuperación fue efímera ya que la recuperación apenas incluía una franja de tierra que permitiera defender la ciudad, de modo que en 1244 la ciudad nuevamente fue reconquistada por los ayubíes. Se llevó a cabo una nueva Cruzada (la Séptima) bajo el mandato de Luis IX de Francia, pero sus resultados fueron casi nulos a excepción de que consiguió que los ayubíes fueran reemplazados por los mamelucos, mucho más poderosos y que se convirtieron en 1250 en los peores enemigos de los cruzados

De 1229 hasta 1268, los monarcas vivieron en Europa y normalmente tenían un reino mucho mayor del que preocuparse. Los reyes de Jerusalén estaban representados por validos y regentes. El título de Rey de Jerusalén fue heredado por Conrado IV el Germánico, hijo de Federico II y Yolanda, y después por el hijo de aquél, Conradino. Con la muerte de Conradino el reino pasó a Hugo III de Chipre. El reino se enzarzó en disputas entre los nobles de Chipre y la tierra firme, entre lo que quedaba de los nobles del Condado de Antioquía y condado de Trípoli (ahora unificados) y cuyos gobernantes rivalizaban por ser los que más influían en Acre, y, por otra parte con las ciudades estado italianas y sus intereses comerciales, estas disputas desembocaron en la llamada "Guerra de San Sabas" en Acre en 1257. Después de la Séptima Cruzada ya no llegaba desde Europa ningún ejército al reino. En sus últimos años, las pocas esperanzas de los cruzados estaban en los mongoles, a quienes se suponía partidarios de los cristianos. Aunque los mongoles invadieron Siria en varias ocasiones, también fueron repetidamente rechazados por los mamelucos, siendo la batalla más notable la de Ain Jalut en 1260. Los mamelucos, bajo la égida del sultán Baibars, se vengaron del Reino, prácticamente indefenso, conquistando una a una las pocas ciudades que le quedaban, hasta llegar a Acre que cayó en 1291, el último bastión que fue conquistado por el sultán Khalil. Así, el Reino de Jerusalén desapareció de la Tierra Santa, pero los reyes de Chipre durante décadas urdieron planes para volver a Tierra Santa, planes que nunca se llevaron a cabo. Durante los siglos siguientes y hasta la fecha, una ingente cantidad de monarcas europeos han utilizado el título de reyes de Jerusalén.


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Mensaje por Legionarius Argentum el Lun Abr 22, 2013 6:00 pm

EL CONDADO DE TRIPOLI

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El condado de Trípoli fue el cuarto estado cruzado fundado en el Levante, donde existe la moderna ciudad de Trípoli, y partes del oeste de Siria. El Estado cruzado fue capturado y creado por las fuerzas cristianas en 1109, originalmente en poder de Bertrand de Tolosa como vasallo de Balduino I de Jerusalén. El Condado de Trípoli después se convirtió en un subestado del Principado de Antioquía. A mitad del siglo XIII, su líder Bohemundo III, bajo la influencia de su suegro Hetoum de Armenia Cilicia, juró vasallaje al Imperio Mongol, y contribuyó con tropas a las conquistas mongolas en la región. En represalia, el sultán de los mamelucos musulmanes en El Cairo, Qalawun, atacó y destruyó tanto Trípoli como Antioquía, absorbiendo los territorios de nuevo en el Imperio islámico a finales del siglo XIII. La caída de Trípoli tuvo lugar en 1289.

La existencia del Condado de Trípoli se debió principalmente a la determinación de Raimundo IV de Toulouse. Aunque uno de los más ricos y más poderoso de los príncipes cruzados, Raimundo de Toulouse no había podido adquirir posesiones orientales en las consecuencias de la Primera Cruzada. Señores occidentales se habían instalado en Edesa, Antioquía y Jerusalén y Raimundo tuvo poco éxito en la obtención de tierras a los bizantinos. Desesperado por una posesión en Tierra Santa, decidió tomar Trípoli por la fuerza. En 1103, él comenzó a prepararse para un ataque contra el rico puerto, acompañado por veteranos de la campaña de 1101.

El conde de Toulouse comenzó a construir un gran castillo situado en una cresta que llamó "Monte Peregrino", a pocos kilómetros de Trípoli en sí. La fortaleza todavía se conoce localmente como "Castillo de Saint Giles", en referencia a Raimundo. El castillo permaneció en manos de los cristianos entre 1103 y 1289, más que cualquier otro en el Reino de Jerusalén. Incluso con una fortaleza intimidante y las tropas de veteranos, el asedio fue avanzando, superando incluso a Raimundo, quien murió el 25 de febrero 1105. Sin embargo, los diversos componentes del asedio se mantuvieron unidos, pues inmenso era el atractivo del puerto. Fue una relación estratégica entre los franceses en el sur, y los normandos en el norte.

El primo y compañero en la cruzada de Raimundo, el conde Guillermo de Cerdaña, asumió el control de la operación, a pesar de que los asuntos se complicaron pronto. El hijo de Raimundo, Bertrán, considerado ilegítimo por la sociedad, abandonó Toulouse después de actuar como regente durante una década y llegó a Tierra Santa con un ejército considerable y una flota genovesa de gran tamaño. Un concurso de sucesión comenzó rápidamente y cristianos en combate pusieron en peligro el éxito del sitio entero. El rey Balduino convocó un concilio con Bertrán, su favorito, y Guillermo, que fue apoyada por Tancredo, príncipe de Galilea. Un tratado de partición fue aceptada, por el que Guillermo mantendría el norte de Trípoli y rendiría vasallaje al Príncipe Tancredo, y Bertrán haría lo mismo en el sur como un vasallo del rey Balduino. Con la animosidad resuelta, el rey reunió al enorme ejército cristiano para un ataque final. Incapaz de enfrentarse a las fuerzas combinadas del Reino de Jerusalén y las tropas de Toulouse, Trípoli se rindió el 12 de julio 1109.

El ultimo estado cruzado había entrado en existencia y, con él, el Reino de Jerusalén controlaba toda la costa este del Mediterráneo. El tratado de partición acordado en el anterior consejo pronto se convirtió en irrelevante, y como Guillermo murió de una herida de flecha, en medio de acusaciones de asesinato. Bertrán por lo tanto se convirtió en conde de todo Trípoli, haciendo realidad el sueño de su padre casi una década antes.

El conde presidió toda la costa desde Maraclea en el norte hasta Beirut en el sur. En el apogeo del poder de Trípoli, la autoridad del conde llegó hacia el interior de la fortaleza conocida como el Crac de los Caballeros. El condado fue dividido en señoríos independientes, en su mayoría basados en puertos costeros. Los condes reservaron para si la franja costera alrededor del puerto de Trípoli y la hostil región de Montferrand al este. Una cuarta parte del condado se les dio a los genoveses, como agradecimiento por su ayuda en la captura del territorio. Bertrán le dio el puerto de Jubail a un almirante genovés, Guglielmo Embriaco, cuyos descendientes se mantuvieron como vasallos del conde hasta fines del siglo XIII.

Balduino I había sido fundamental en la creación del último estado cruzado. El había respaldado a Bertrán desde que llegó en el Levante y organizó las fuerzas que finalmente rompieron la resistencia musulmana en la zona. Sin embargo, como el señorío de Galilea, Trípoli quedó fuera del directo control Real. Los condes le debían lealtad y vasallaje a la monarquía en Jerusalén. Sin embargo, en tiempos de crisis, el rey solía actuar como regente o tutor del Condado, lo que refleja la estrecha relación entre Jerusalén y Trípoli.

Trípoli se convirtió en un objetivo para las fuerzas musulmanas a lo largo de sus fronteras por su posición fundamental. En 1137, las tenencias personales del conde en Montferrand se perdieron. El problema se agravó cuando el Hashshashin se estableció en las montañas Nosairi hacia el norte. Para hacer frente a sus vecinos musulmanes, el conde cedió a los Caballeros Hospitalarios grandes extensiones de tierra fronterizas en 1144. Los Hospitalarios se establecieron en gran parte de la llanura Buqai'ah y fueron la clave para la defensa de Trípoli. Su fortaleza en el Crac de los Caballeros fue la característica más imponente en el Condado. Durante el año 1150, los Caballeros Templarios también adquirió tierras en Trípoli. Sus fortificaciones en Tartus fueron importantes en el fortalecimiento de las defensas del Conde.

Entre 1275 y 1277, el conde Bohemundo IV era demasiado joven para gobernar y así el obispo Bartolomé de Tortosa actuó como regente. Sin embargo, tuvo oposición del obispo Pablo de Trípoli, amigo personal del Gran Maestro del Temple Guillermo de Beaujeu. Cuando Bohemundo obtuvo la mayoría de edad en 1277 y tomó el control del condado, también heredó la oposición de los Templarios de Beaujeu.

Durante ésta época los templarios trajeron a Guglielmo II Embriaco, antiguo amigo de Bohemundo y tramaron tomar Trípoli para sí. El enfrentamiento final se produjo en 1282, cuando Guglielmo y los templarios planeado un asalto final a Trípoli. El conde no tuvo piedad con sus cautivos, ejecutando a todos los templarios inmediatamente. Otros seguidores de Guglielmo fueron cegados. Guglielmo mismo, junto con sus hermanos y primos, fueron detenidos en el foso del castillo de Nephin y se les dejó morir de inanición.

Inevitablemente, la lucha interna constante, la falta de recursos y la presión militar musulmana tuvo su efecto en el Reino. En la década de 1280, sólo dos estados cruzados permanecieron, los restos de Jerusalén y Trípoli. El sultán egipcio Qalawun estaba decidido a destruir las últimas posesiones cristianas y centró su atención en Trípoli. Atacó en marzo de 1289. A pesar de las desesperadas operaciones de defensa, el condado cayó y se fusionó con el imperio de Qalawun, el Sultanato Mameluco de Egipto.


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Mensaje por Legionarius Argentum el Lun Abr 22, 2013 6:21 pm

EL REINO DE CHIPRE

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El Reino de Chipre fue un reino católico de los cruzados situado en la isla de Chipre al final de la Edad Media, entre 1192 y 1489 durante la tercera cruzada. Su gobierno estuvo dominado por la Casa francesa de Lusignan. Su dominio no fue sólo en Chipre, también en Antalya entre 1361 y 1373 y entre 1361 y 1448 Corycus en Anatolia.

La isla fue conquistada en 1191 por el rey Ricardo I de Inglaterra durante de Isaac Comneno, un gobernador local y advenedizo emperador que se autoproclamó emperador y reclamó el Imperio Bizantino. El rey Inglés no tenía la intención de conquistar la isla, sin embargo, cuando su flota invasora fue dispersada por una tormenta en camino hacia el sitio de Acre, tres de sus barcos fueron llevados a las costas de Chipre, donde naufragaron y se hundieron en la vista del puerto de Limassol. Los náufragos fueron tomados por consiguiente presos por Comneno. Ricardo y el resto de su flota llegaron poco después al enterarse de la detención de sus compañeros náufragos.

La población minoritaria Católica Romana se agrupó en algunas ciudades costeras, como Famagusta, o como Nicosia, la capital. Los Católicos Romanos conservaron las riendas del poder y el control, mientras que la mayoría de población autóctona griega vivía en el campo; era una política muy parecida a la llevada a cabo en el Reino de Jerusalén. La independiente Iglesia Ortodoxa Chipriota, con su propio arzobispo, permaneció en la isla, aunque perdió bastante poder frente a los católicos de la Iglesia Romana. Mientras tanto, la reina hereditaria de Jerusalén, Sybilla, había muerto y la oposición al gobierno de su marido, Guido de Lusignan, aumentó considerablemente hasta el punto de que fue expulsado de su pretensión a la corona de Jerusalén. El rey Inglés vio la oportunidad de matar a dos pájaros de un tiro, ofreciendo a Guido de Lusignan el reino de Chipre, permitió que su amigo la oportunidad de salvar las apariencias y mantener algún tipo de poder en el Oriente, mientras que al mismo tiempo se liberaba a sí mismo de un feudo problemático. No está claro si Ricardo le dio el territorio o lo vendió, y es muy poco probable que Ricardo nunca recibiese un pago incluso si un acuerdo fue alcanzado. En 1194, Guido de Lusignan murió sin dejar herederos y por lo que su hermano mayor, Amalrico, se convirtió en rey Amalarico I de Chipre, una corona y el título que fue aprobado por Enrique VI, el emperador del Sacro Imperio Romano.

Tras la muerte de Amalarico de Lusignan, el reino pasó a manos de una serie de jóvenes que crecían ya como reyes. La familia de Ibelín, que había tenido mucho poder en Jerusalén antes de su caída, actuó como regente durante los primeros años. En 1229, los Ibelín fueron expulsados del poder por el emperador Federico II Hohenstaufen, que trajo consigo la lucha entre güelfos y gibelinos a la isla. Los partidarios de Federico fueron derrotados en 1233, aunque el conflicto continuó en Israel y en Europa. Los descendientes de Federico continuaron gobernando como reyes de Jerusalén hasta 1268, cuando Hugo III de Chipre reclamó el título y el territorio de Acre tras la muerte de Conrado III de Jerusalén, uniendo así los dos reinos. Los territorios en Israel fueron finalmente perdidos en 1291 durante el reinado de Enrique II de Jerusalén, aunque los reyes de Chipre continuaron reclamando el título.

Al igual que Jerusalén, Chipre tenía una Haute Cour (Tribunal Superior), aunque menos poderoso de lo que había sido en Jerusalén. La isla era más rica que Jerusalén y socialmente más feudal, por lo que el Rey tenía poseía un tesoro personal mayor, lo que le permitía mayor independencia de la Haute Cour. La familia de vasallos más importante fue la extendida Casa de Ibelín. Sin embargo, el Rey a menudo entraba en conflictos con los comerciantes italianos, sobre todo debido a que Chipre se había convertido en el centro del comercio europeo con África y Asia después de la Caída de Acre en 1291.

Finalmente, en el siglo XIV, el reino llegó a ser cada vez más dominado por los comerciantes genoveses. Chipre, por lo tanto, se posicionó del lado del Papado de Aviñón en el Gran Cisma de Occidente, con la esperanza de que los franceses fueran capaces de expulsar a los italianos. Luego, en 1426, los mamelucos obligaron al reino a hacerles tributo; los restantes monarcas perdieron gradualmente la independencia, hasta que en 1489, la última Reina, Caterina Cornaro, se vio obligada a vender la isla a Venecia.


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Estados Cruzados: Los Reinos Francos de Oriente Próximo Empty Re: Estados Cruzados: Los Reinos Francos de Oriente Próximo

Mensaje por Legionarius Argentum el Lun Abr 22, 2013 6:23 pm

EL REINO ARMENIO DE CILICIA

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El reino armenio de Cilicia (también conocido como Armenia menor o Pequeña Armenia) fue un reino formado en la Edad Media por refugiados armenios que huyeron de la invasión selyúcida de Armenia. Se encontraba en lo que actualmente es Turquía sudoriental, en la región de Cilicia en Anatolia, teniendo como vecinos al Condado de Trípoli y al Reino de Chipre. El país fue independiente de 1078 a 1375 aproximadamente.

El reino de Cilicia fue fundado por la dinastía de los Rupénidas, que era una rama menor de la gran familia de los Bagrátidas, la cual ocupó los tronos de Armenia y de Georgia en distintos momentos. Su capital fue primeramente Tarso y después Sis. El reino armenio de Cilicia fue un importante y poderoso aliado de los cruzados europeos, y se consideraba a sí mismo como el bastión de la Cristiandad en oriente. Actuó también como foco de la cultura y nacionalismo armenios, pues Armenia (la Armenia mayor o Gran Armenia, al pie del Cáucaso) estaba ocupada por los turcos en aquella época.

Ciertamente, el Reino Armenio de Cilicia no fue un reino creado a partir de las cruzadas de los cristianos-católicos. Pero su posición cercana a los reinos cruzados, el reconocimiento papal y la sucesión hereditaria a sus vecinos francos hace que se pueda considerar como un estado cruzado o de influencia de los cruzados.

Cilicia había sido reconquistada a los árabes por el emperador bizantino Nicéforo II Focas hacia 965. Tras ocuparla, expulsó a los musulmanes que vivían allí, y se animó a los cristianos de Siria y de Armenia a repoblarla. La inmigración armenia aumentó con la anexión de la Gran Armenia al Imperio bizantino en 1045 y la posterior conquista selyúcida 19 años después, lo que se tradujo en dos oleadas migratorias. Los armenios también se extendieron hacia el este desde Cilicia, por las regiones montañosas del norte de Siria y Mesopotamia.

Los armenios llegaron al servicio de los bizantinos como oficiales del ejército y como gobernadores, pero cuando el poder imperial en la región se debilitó en los años de caos que siguieron a la derrota bizantina en la batalla de Manzikert (1077), algunos de éstos aprovecharon la oportunidad para erigirse en dueños soberanos, mientras que otros, al menos nominalmente, siguieron reconociendo la soberanía bizantina. El que tuvo más éxito de todos fue Filareto Brachamios, un antiguo general armenio de Romano IV Diógenes. Entre 1078 y 1085, Filareto extendió su principado desde Cilicia a Edesa, pero a su muerte su territorio se desintegró de nuevo en señoríos locales.

Con la Primera Cruzada, los armenios de Cilicia tuvieron como poderosos aliados a los cruzados francos. Con su ayuda, defendieron a Cilicia de los turcos, tanto con acciones militares directas como por el establecimiento de los reinos cruzados vecinos: el principado de Antioquía y el condado de Edesa. Durante los siguientes dos siglos, armenios y cruzados fueron en parte aliados y en parte rivales.

Con el ascenso de los príncipes rupénidas, surgió una especie de poder centralizado en la región. A lo largo del siglo XII, éstos formaron algo parecido a una dinastía reinante, y lucharon con los bizantinos por el dominio de la zona. El príncipe León I fue derrotado por el emperador Juan II Comneno en 1137, y fue apresado con otros miembros de su familia. Murió en prisión tres años después. El hijo y sucesor de León, Thoros II, también fue apresado, pero logró escapar en 1141. Volvió a su reino para liderar la lucha contra los bizantinos. Al principio, con cierto éxito, pero finalmente, en 1158, tuvo que prestar vasallaje al emperador Manuel I Comneno. Los príncipes rupénidas siguieron gobernando Cilicia.

El príncipe León II, uno de los nietos de León I y el hermano de Rubén III, accedió al trono en 1187. Luchó contra los gobernantes de Konya, Alepo y Damasco, y añadió nuevas tierras a Cilicia, duplicando su costa mediterránea. En ese momento, Saladino de Egipto derrotó al reino de Jerusalén, lo que llevó a la Tercera Cruzada. El príncipe León II se benefició de la situación mediante la mejora de las relaciones con los europeos. La prominencia de Cilicia armenia en la región es atestiguada por las cartas enviadas en 1189 por el Papa Clemente III a León, en la que pide ayuda militar y financiera a los cruzados.

Gracias al apoyo dado a León por el emperadores del Sacro Imperio romano (Federico Barbarroja, y su hijo, Enrique VI), elevó el estatus del principado a un reino. El 6 de enero de 1199, los armenios celebraron la Navidad, y ese mismo día el príncipe León II fue coronado con gran solemnidad en la catedral de Tarso, en presencia del patriarca jacobita sirio, el patriarca griego metropolitano de Tarso, y numerosos dignatarios eclesiásticos y líderes militares.

Mientras que fue coronado por Gregorio VI Abirad, León recibió una bandera con la insignia de un león del arzobispo Conrado de Mainz, en nombre de Enrique VI, emperador del Sacro Imperio. Al asegurar su corona, León se convirtió en el primer rey de Cilicia armenia. Llegó a ser conocido como León el Magnífico, debido a sus numerosas contribuciones a la condición de estado de Cilicia en las esferas política, militar y económica.

El creciente poder de León, hizo de él un aliado muy importante para el vecino estado cruzado de Antioquía, que resultó en matrimonios con familias nobles allí, pero sus políticas dinásticas revelaron ambición hacia el señorío de Antioquía que los latinos en última instancia, no podían tolerar. Ello dio lugar a una Guerra de Sucesión entre Raimundo Rubén, sobrino de León y Bohemundo IV de Antioquía-Trípoli.

La unificación aparente en el matrimonio de las dos principales dinastías de Cilicia, Rupénida y Hetúmida, puso fin a un siglo de rivalidad dinástica y territorial, al traer los Hetúmidas a la vanguardia de la dominación política en Cilicia. A pesar de la adhesión de Hetoum que en 1226 marcó el comienzo del reino unido de Cilicia armenia, los armenios tuvieron que hacer frente a numerosos retos en el extranjero. Con el fin de promulgar venganza por la muerte de su hijo, Bohemundo buscó una alianza con Sultán selyúcida Kayqubad I, quien capturó las regiones al oeste de Seleucia. Hetoum también acuñó monedas con su figura, por un lado, y con el nombre del sultán por el otro.

Durante el gobierno de Isabela y Hetoum, los mongoles bajo Gengis Khan y su sucesor Ögedei Khan se expandieron rápidamente desde Asia Central y alcanzó el Medio Oriente, conquistando Mesopotamia y Siria en su avance hacia Egipto. El 26 de junio de 1243, consiguieron una victoria decisiva en Köse Dag contra los turcos selyúcidas. La conquista de los mongoles fue desastrosa para la Gran Armenia, pero no para Cilicia, como Hetoum preventivamente optó por cooperar con los mongoles. Él envió a su hermano Smbat a la corte mongola de Karakorum en 1247 para negociar una alianza. Regresó en 1250 con un acuerdo que garantice la integridad de Cilicia, así como la promesa de ayuda para recapturar fuertes mongoles capturados por los selyúcidas.

Durante el 1269, Hetoum I abdicó en favor de su hijo León II, que pagó grandes tributos anuales a los mamelucos. A pesar de los tributos, los mamelucos continuaron atacando Cilicia. En 1275, un ejército dirigido por los emires del sultán invadió el país sin pretexto y se enfrentó a los armenios que no tenía ningún medio de resistencia. La ciudad de Tarso fue tomada, el Palacio Real y la iglesia de Santa Sofía fue quemados, la tesorería del estado fue saqueado, 15.000 civiles murieron y 10.000 fueron llevados cautivos a Egipto.

Siempre hubo una estrecha relación entre los armenios y los Lusignan, quien, en el siglo XII, ya se habían establecido en la isla mediterránea de Chipre. En 1342, el primo de León IV, Guido de Lusignan, fue ungido rey como Constantino II, rey de Cilicia. Guido de Lusignan y su hermano menor Juan se consideraban latinos y profundamente comprometidos con la supremacía de la Iglesia Católica Romana en el Levante. Como los reyes, los Lusignan intentaron imponer el catolicismo y las costumbres europeas. Los nobles armenios en gran parte lo aceptó, pero los campesinos se opusieron a los cambios, lo que finalmente condujo a la guerra civil

De 1343 a 1344, época en que la población armenia y sus gobernantes feudales se negaron a adaptarse al nuevo liderazgo Lusignan y su política de latinizar la Iglesia Armenia, Cilicia fue invadida de nuevo por los mamelucos, quienes tenían la intención de expansión territorial. Apelaciones frecuentes en busca de ayuda y apoyo fueron hechas por los armenios a sus correligionarios en Europa, y el reino también estuvo involucrado en la planificación de nuevas cruzadas. En medio de peticiones fallidas de ayuda de Europa, la caída de la capital Sis a los mamelucos en 1374 y la de la fortaleza de Gaban en 1375, donde el rey León V, su hija María y su esposo se habían refugiado, puso fin al reino. Al rey León V, se le concedió un salvoconducto, y murió en el exilio en París en 1393, después de llamar en vano a otra cruzada. En 1396, los títulos y privilegios de León fueron trasladados a Jaime I, su primo y el rey de Chipre. El título de Rey de Cilicia Armenia se unió así con los títulos de conde de Trípoli, rey de Chipre, y rey de Jerusalén. Llevando el titulo después los duques de la casa de Saboya.


Última edición por Legionarius Argentum el Lun Abr 22, 2013 7:11 pm, editado 2 veces

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Mensaje por Legionarius Argentum el Lun Abr 22, 2013 6:26 pm

Paul McCartney escribió:y que ha quedado de eso?

Nada, hoy ninguno de esos reinos existe, pero existieron en la edad media.

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